Cámara lenta, así lo sentí cuando fue la última vez que te divise hacia el vacio de la calle, con personalidad caminabas, te ibas, tu espalda se despedía y le movi la mano de vuelta. Sentí no sentí que ya no correspondias aquí, que no hay razones suficientes que afirmen el muro, más que eso que afirmaran los años de costumbre, fue una semana de adecuación a la costumbre que tenia contigo. Me siento tan fría por ya no sentir ni siquiera un anhelo de querer saber algo de ti, nada me nace, nada me surge, creo que tenías que volar hace bastante tiempo, alargamos la despedida, alargamos la costumbre, alargamos con ello los entrelineas y asimilamos los mismos gustos en diferentes momentos, no es posible, pero ya está hecho, vete, adiós, fue un gusto mientras se sostuvo.
Y tú, otra tú, que a las lejanías te escapas, o en realidad no es escape, debe pertenecer a lo mismo. Mi gran ciencia por decir cosas que realmente no siento y mi inconsciente si, me supera. No logro percibir el cariño que te tengo, es grande. Pero también siento y creo que quieres volar, irte, quizás por ahí, por las montañas, esas que tanto te gustan. No advierto la posibilidad de que la vida sea sabia. Pero esta vez es tan distinto, ya no siento tu despedida, no siento la daga, ni menos el imán, quizás era tiempo hace rato, y yo solo me queria curar con el mismo veneno, creo, sólo creo que voy en ese camino. No es más que una actuación el pedir perdón, no te hace falta sonreir, solo acaba con esa actitud.