lunes, junio 16, 2014

cierre del caso.

Entre árboles dónde ya el otoño se despide, se puede ver las huellas de caminantes de estrechez, sin nudos ni ataduras, con volantines desarmados y zapatos algo usados, de preferencia celestes. Me habló extrañamente de las frecuencias, que el otro lado opuesto hacía que algo sucediera en el universo, algo que jamás hará que se crucen en la realidad, le converse acerca de los meses , no juzgues me repitió, es así. Le pregunté cuanto tiempo duró su resonancia, me comentó que si no fuera por el viaje hubiera estado en la profundidad nadando, o intentandolo. Que seguramente se dio de buenas frases, pero por detrás de la incoherencia existia, un suburbio de palabrerías con extraños, bien extrañas sus palabras, recordé. Me di cuenta y me comentó que aquí no estaba ( casi me fui de raja ), la frecuencia absoluta no hay que buscarla, un día y paf. Me dio una puntada fuerte en el corazón. Me repitió la buena amiga, que se alegraba que fuera así, no estaba despierta, seguía soñando, utopías varias, que extraña esa extraña que te extraña. Los árboles siguieron en su mismo lugar, deslice una sonrisa bastante peculiar, le grite al viento cuanto había sido el error y caminé unas cuadras, fue estúpida la canción que tenia ese sujeto en su casa, a todo volumen, repetí repetí que estupidez loca, te pasaste. El karma es una perra disfrazada, que mal. Es como ir en un submarino, el submarino amarillo.
Aún así, fumando espero, no me negué a la efímera posibilidad de que algo allá arriba sucedió, se comenta que esa estrella bajó su intensidad, no era tan intensa, la eternidad dura sólo unos segundos. Prefiero sombreros monocromáticos, no te preocupes dice yann. ( que canción te mandaste brota).

Veo a lola, y pucha que tiene historia. 





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